REFLEXIÓN.- INDEPENDENCIA, CONSTITUCIÓN E IGLESIA. José Gregorio Hernández Galindo. Tomado del libro “La llama de la INDEPENDENCIA. Bicentenario y Constitucionalismo”

24 May 2016
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REFLEXIÓN.- INDEPENDENCIA, CONSTITUCIÓN E IGLESIA. José Gregorio Hernández Galindo. Tomado del libro “La llama de la INDEPENDENCIA. Bicentenario y Constitucionalismo” imagen de: lavozdelderecho.com
“Es muy valioso e históricamente apreciable el aporte de las religiones, y en especial de la Iglesia católica a la causa de la libertad y a la formación republicana y democrática de las varias generaciones que han vivido al amparo del sistema jurídico fundado en 1810 y desarrollado mediante las distintas constituciones políticas que nos han regido.
El hecho de reconocer que la nuestra es hoy una sociedad pluralista respetuosa de las libertades de conciencia y de cultos, como lo consagra paladinamente la Carta de 1991, que por lo tanto acoge y ampara las distintas expresiones ideológicas, las convicciones propias de numerosos credos y la visión que cada cual tenga de la divinidad, no puede apartarnos de verificar a cada paso el fenómeno incontrovertible de la mayoría católica de nuestro pueblo, ni hacernos olvidar el papel histórico que ha desempeñado el catolicismo entre nosotros. Esto, desde luego, sin desconocer la legítima participación de los otros credos y tendencias que ejercen sus libertades en condiciones de igualdad por el sistema jurídico y por las autoridades.
 
Durante la época de la Conquista y la Colonia, además de la paciente formación de los indígenas y de los criollos en los valores del cristianismo, fueron precisamente los sacerdotes, religiosos y misioneros enviados a estas tierras por España quienes con su permanente actividad y gestión, y a través de memorable escritos defendieron a los nativos y a los negros ante las no pocas arbitrariedades de los encargados del Gobierno y frente a las duras condiciones laborales en que aquéllos eran puestos sin ninguna consideración por su dignidad y sus derechos.
 
La historia ha registrado, por ejemplo, la incansable labor de Fray Pedro Claver en contra de abusos oficiales y a contrapelo de mandatos en virtud de los cuales, en la vergonzosa época de la esclavitud, se despojaba a los esclavos hasta del reconocimiento de su carácter de seres humanos. Recuérdese que durante mucho tiempo, aquí y en otras latitudes, fueron tratados como bestias por los dueños del poder económico que los habían adquirido como de su propiedad, con la connivencia y el amparo de las autoridades civiles, pero con la constante y valerosa protesta de los sacerdotes católicos.
 
Por supuesto, la tarea de la evangelización no era fácil, y tampoco lo fue la reivindicación de los más elementales derechos de inmensas zonas de la población en América, pero con gran constancia los pastores de la Iglesia lograron reivindicar la dignidad humana; preservar los derechos a la educación y a la salud, y arraigar en nuestro medio, más que imponer a las comunidades, las creencias religiosas de las cuales se apropiaron las gentes ya de manera definitiva. El trato de los misioneros, monjes y monjas, a los naturales era generalmente amable y respetuoso de su dignidad, tal como lo han descrito los cronistas.
 
No a todos los agentes eclesiásticos que contribuyeron a la educación, a la cultura y al desarrollo de los conglomerados de las colonias durante varios siglos se los ha destacado en las crónicas, y la mayoría de ellos, pese a su anonimato, fueron imprescindibles para la conformación de nuestra nacionalidad, y para la toma de conciencia sobre la justicia, la igualdad y los derechos individuales.
 
Debemos subrayar, sin embargo, que, como lo reconoció hace algunos años el Papa Juan Pablo II, la manera como la Iglesia quiso defender la fe en Europa y en América no fue siempre la más respetuosa de la libertad, y que por muchos años los Tribunales de la Inquisición y el Santo Oficio incurrieron en protuberantes violaciones de los derechos y entraron en una gratuita y absurda enemistad con el conocimiento científico y con el libre examen. Pero afortunadamente, la Iglesia corrigió semejantes excesos, y lo cierto es que, aunque estuvo presente la Inquisición en nuestro suelo, no puede afirmarse que haya dominado, como sí ocurrió en otras latitudes, un largo período de nuestra historia”. 
Modificado por última vez en Viernes, 27 Mayo 2016 11:57
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