Reflexión (63)

REFLEXIÓN

18 Nov 2015
1017 veces
Escrito por
“Los retos que plantea el extremismo islámico a la seguridad global y a la regional, no son de poca monta. Simultáneamente con viejas y conocidas tácticas como la de no jugar con las reglas de sus oponentes, no caer en patrones predecibles, no perder la iniciativa que en este caso está compuesta por la movilidad y la sorpresa –dos principios clásicos de la guerra convencional-, obligar al enemigo a mantener un frente hiperextendido –en todo el mundo-, “golpear y correr” y tratar de causar el máximo daño con el menor esfuerzo posible; aliadas de estas viejas tácticas, repito, están otras como la de carencia de un liderazgo central y controlador (”Leaderless”), liderazgo   que ha sido una de las características de los grupos terroristas tradicionales muy ligada al “culto a la personalidad”; la globalización de las acciones terroristas con la meta de conformar una nueva estructura política en “una lucha política e ideológica entre democracia y el estado islámico que se establecerá después”[1] y, por supuesto, la posibilidad del empleo de Armas de Destrucción Masiva biológicas, químicas, nucleares o radiológicas. No escapa a este inventario de posibilidades terroristas postmodernas, la actividad que puedan desplegar Hackers, Phreackers, Crackers, Lamers, Phisings y similares en la red informática mundial, pudiendo caotizar regiones enteras con virus o con “bombas lógicas” o “Trojans” de impredecibles consecuencias.
 
(…)
 
En la conferencia sobre terrorismo en Tel Aviv en Septiembre de 2005, las conclusiones acerca de las tendencias del terrorismo no fueron muy alentadoras: el terrorismo está lejos de disminuir, funcionará basado en cadenas regionales o locales, no tendrá liderazgo visible, se enriquecerá con la diáspora de veteranos de Irak, tendrá una ideología extremista islámica más fuerte, los actos serán menores en cantidad pero mayores en letalidad y la Internet será su más fuerte medio de difusión y apoyo”.
 
Fragmento tomado del libro “Terrorismo en Colombia” de John Marulanda
 
[1] Declaraciones de Akhmed Dzhalilov, miembro del Partido de la Liberación “que busca reemplazar los gobiernos existentes en el mundo musulmán con una teocracia islámica que operaría fuera del alcance e influencia de la vida occidental”. Tomado del The New Cork Times, citado en el diario El Tiempo el 16 de octubre de 2005.
Valora este artículo
(2 votos)

Reflexión

23 Oct 2015
1314 veces
Escrito por
“…el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones,  en el otro extremo del mundo,  basta para sacar al escritor de su soledad,  por lo menos, cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte. 
 
Nadie es lo bastante grande para semejante vocación. Sin embargo,  en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre para poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad, y el servicio a la libertad. Y puesto que su vocación consiste en reunir al mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira ni a la servidumbre porque, donde reinan,  crece el aislamiento. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia ante la opresión. 
 
Durante más de veinte años de historia demencial, perdido sin remedio, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, especialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años  en la época de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, Y que para completar su educación se vieron enfrentados a la guerra de España, a la segunda guerra mundial,  al universo de los campos de concentración, a la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar a sus hijos y a sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación han reivindicado el derecho al deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de entre nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. 
 
Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia”. 
 
Tomado del discurso pronunciado por Albert Camus el día 10 de diciembre de 1957 en Estocolmo cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. 
 
 
 
Valora este artículo
(1 Voto)

REFLEXIÓN

09 Oct 2015
1278 veces
Escrito por
“Pobre era el ratón cogido; pero el gato se alegra aun por el ratón más flaco. ¿Quiénes eran los Thenardier? Digámoslo en pocas palabras; completaremos el croquis más adelante. Pertenecían estos seres a esa clase bastarda compuesta de personas incultas que han llegado a elevarse y de personas inteligentes que han decaído, que está entre la clase llamada media y la llamada inferior, y que combina algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin tener el generoso impulso del obrero, ni el honesto orden del burgués. Eran de esa clase de naturalezas pequeñas que llegan con facilidad a ser monstruosas. La mujer tenía en el fondo a la bestia, y el hombre la pasta del canalla. Eran de esos seres que caen continuamente hacia las tinieblas, degradándose más de lo que avanzan, susceptibles a todo progreso hacia el mal. Particularmente el marido era repugnante. A ciertos hombres no hay más que mirarlos para desconfiar de ellos. Nunca se puede responder de lo que piensan o de lo que van a hacer. La sombra de su mirada los denuncia. Sólo con escucharlos hablar se intuyen sombras secretas en su pasado o sombras misteriosas en su porvenir. . El tal Thenardier, a creer sus palabras, había sido soldado; él decía que sargento; que había hecho la campaña de 1815, y que se había conducido con gran valentía. Después veremos lo que había de cierto en esto. La muestra de su taberna, pintada por él mismo, era una alusión a uno de sus hechos de armas. Su mujer tenía unos doce o quince años menos que él; su inteligencia le alcanzaba justo para leer la literatura barata. Al envejecer fue sólo una mujer gorda y mala que leía novelas estúpidas. Pero no se leen necedades impunemente, y de aquella lectura resultó que su hija mayor se llamó Eponina y la menor, Azelma”. 
 
TOMADO DE LA OBRA "LOS MISERABLES" de Victor Hugo
 
 
Valora este artículo
(3 votos)

Reflexión

01 Oct 2015
1174 veces
Escrito por
“Ando buscando con cuidado alguna cosa que yo juzgue ser buena para el uso y no para la ostentación; porque éstas que se miran con cuidado y nos hacen detener mostrándolas los unos a los otros con admiración, aunque en lo exterior tienen resplandor, son en lo interior miserables. Busquemos algo que sea bueno, no en la apariencia, sino sólido y macizo, y en la parte interior hermoso. Alcancémoslo, que no está muy lejos (…) Será, pues, bienaventuranza la vida en lo natural que se conformare con su naturaleza; lo cual no se podrá conseguir si primero no está el ánimo sano y con perpetua posesión de salud. Conviene que sea vehemente, fuerte, gallardo, sufridor, y que sepa ajustarse a los tiempos, siendo circunspecto en sí y en todo lo que le tocare, pero sin demasía. Ha de ser asimismo diligente en todas las cosas que instruye la vida, usando de los bienes de la fortuna sin causar admiración a otros y sin ser esclavo de ella. Y aunque yo no lo añada, sabes tú que a esto se seguirá una perpetua tranquilidad y libertad, dando de mano a las cosas que nos alteran o atemorizan; porque en lugar de los deleites y las demás cosas que en los mismos vicios son pequeñas, frágiles y dañosas, sucederá una grande alegría incontrastable, una paz acompañada de concordia de ánimo y una grandeza adornada de mansedumbre; porque todo lo que es fiereza se origina de enfermedad. (…) Quiero, pues, que llamemos bienaventurado al hombre que no tiene por mal o por bien sino el tener bueno o malo el ánimo, y al que siendo venerador de lo bueno y estando contento con la virtud, no le ensoberbecen ni abaten los bienes de la fortuna, y al que no conoce otro mayor bien que el que se pueda dar a sí mismo, y al que tiene por sumo deleite el desprecio de los deleites. Y si tuvieres gusto de esparcirte más, podrás con entera y libre potestad extender este pensamiento a diferentes haces; porque ¿cuál cosa nos puede impedir el llamar dichoso, libre, levantado, intrépido y firme al ánimo que está exento de temor y deseos, teniendo por sumo bien a la virtud y por solo mal a la culpa? Todo lo demás es una vil canalla, que ni quita ni añade a la vida bienaventurada, yendo y viniendo sin causar al sumo bien aumento ni disminución. Forzoso es que al que está tan bien fundado (quiera o no quiera) se le siga una continua alegría y un supremo gozo venido de lo alto, porque vive contento con sus bienes, sin codiciar cosa fuera de sí. ¿Por qué, pues, no ha de poner en balanza estas cosas con los pequeños, frívolos y poco perseverantes movimientos del cuerpo, siendo cierto que el mismo día que se hallare en deleite se hallará en dolores?”
 
Tomado del libro “TRATADOS MORALES” de Séneca.
 
LUCIO ANNEO SÉNECA (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (Corduba, 4 a. C. – Roma, 65 d. C.), filósofo, político, pensador, orador, intelectual y escritor romano, conocido por sus obras de carácter moralista. Senador reconocido, respetado y muy influyente durante el Imperio Romano. Uno de los más grandes representantes del estoicismo.
Valora este artículo
(2 votos)

Enlaces Recomendados

 

 

Zona Comercial

     

 

Acerca de Nosotros

Nuestro propósito es aprovechar la tecnología en beneficio de la divulgación, el análisis, la controversia, la verificación de los grandes asuntos en que aparece el Derecho, en cualquiera de sus ramas; los procesos judiciales de trascendencia y los más importantes debates y acontecimientos.