Opinión: LOS SINÓNIMOS NO EXISTEN. Por Felipe Abello Monsalvo Destacado

03 Mar 2017
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Opinión: LOS SINÓNIMOS NO EXISTEN. Por Felipe Abello Monsalvo Imagen de: Razonamiento Verbal

Los sinónimos no existen. La anterior afirmación, en principio, podría resultar chocante, no obstante, si se tiene en cuenta la riqueza del castellano y la inexistencia, en el caso de los verbos, de sinónimos absolutos, sería apropiado concluir que cada palabra, expresión o verbo del castellano encuentra un significado único que la diferencia de las demás, sin importar cuán sutil puede ser la divergencia.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define sinónimo como: “Dicho de una palabra o de una expresión: Que, respecto de otra, tiene el mismo significado o muy parecido, como empezar y comenzar”.[1] Por lo tanto, la primera hipótesis para que una palabra se considere sinónimo es que tengan exactamente el mismo significado (sinónimo absoluto), y la segunda, es que la expresión tenga un significado muy parecido. En este último caso, también se considerará sinónimo.

En lo que a verbos se refiere, la existencia en nuestro lenguaje de verbos que significan casi lo mismo, es evidente e irrefutable, pero no se puede afirmar lo mismo de verbos tengan exactamente el mismo significado. En efecto, si se revisa con detenimiento el significado de los verbos usar y utilizar, comenzar y empezar, tirar y lanzar, colocar y poner, escuchar y oír, conversar y hablar, ver y mirar y, tener y poseer, entre otros, es factible establecer que entre estos existen diferencias agudas y otras veces sutiles, que hacen que de estos no se pueda decir que son sinónimos absolutos, de acuerdo con la primera definición establecida para los sinónimos de la RAE.

Para el ejemplo, como lo expresó el escritor Javier Marías Franco, “Escuchar implica siempre duración y deliberación. Es decir, que lo escuchado no sea efímero y que por parte del oyente haya voluntad de atender, de prestar cierta atención, aunque sea distraída. Oír no implica por fuerza ninguna de esas dos cosas, más bien presupone involuntariedad[2]. Otra muestra de ello, es mirar “Dirigir la vista a un objeto”[3] que se diferencia de ver “Percibir con la inteligencia algo, comprenderlo”[4] fundamentalmente en la atención que se preste para cada acción específica. De igual forma, lo mismo se manifiesta en los demás verbos de nuestra lengua.

En consecuencia, la primera parte de la definición de sinónimo que trae la RAE, en la práctica y para verbos no aplica y, por lo tanto, cuando hablamos de sinónimos, hablamos de palabras o expresiones que significan casi lo mismo, no lo mismo. Por lo anterior, la invitación es a usar cada verbo de manera precisa porque cada uno de ellos tiene una definición exacta que los hace diferentes entre ellos y no resulta adecuado hacer uso de ellos indistintamente pensando que como son sinónimos no tiene importancia gramatical cuál se utilice. La importancia de lo anterior, radica en buscar una «lealtad de lenguaje», es decir, acertar con las palabras precisas para que al momento de expresarse no se caiga nunca por debajo de la concepción propia, sino que se logre siempre, ser leal al pensamiento.

 


[1]Consultado en la página de la Real Academia de la Lengua Española el 2 de marzo de 2017. http://dle.rae.es/?id=XzADiyT

[3]Consultado en la página de la Real Academia de la Lengua Española el 2 de marzo de 2017. http://dle.rae.es/?id=PMSRG3d

[4] Consultado en la página de la Real Academia de la Lengua Española el 2 de marzo de 2017. http://dle.rae.es/?id=baOo6Gz|baR8qnC

 

Felipe Abello Monsalvo

Abogado de la Universidad Javeriana y magíster en Propiedad Intelectual de la Universidad Externado de Colombia. Realizó estudios de inglés legal en Edith Cowan University, Australia. Es profesor de derecho de la Universidad Javeriana y de la Universidad del Sinú.

 

Actualmente se desempeña como abogado en IBARRA ABOGADOS, trabajó en la Delegatura para la Protección de la Competencia de la Superintendencia de Industria y Comercio, en donde participó en investigaciones administrativas por prácticas restrictivas, competencia desleal e integraciones empresariales no informadas.

 

Fue abogado de la firma Márquez Robledo Abogados, donde asesoró a clientes en materia de propiedad intelectual corporativa, derecho publicitario, protección del consumidor y entretenimiento. También hizo parte de la oficina de abogados de José Gregorio Hernández Galindo.

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