Opinion (692)

Ya los analistas de reconocidas agencias internacionales privadas de inteligencia, empiezan a mostrar sus abonados, grandes compañías multinacionales, inversores y centros académicos, entre otros, lo que los políticos y lobistas nacionales y extranjeros alquilados, tapan o quieren ignorar con la comercialización rosa de la componenda entre el Gobierno colombiano y el grupo narcoterrorista de las farc en Cuba: que la mayoría de los colombianos rechazamos un proceso mal negociado, mal vendido, que lastima el sentimiento nacional y augura complicaciones mayores.

Después de hacer eco de las recientes encuestas, dice el análisis de una de esas agencias: “Un tema que aún tiene que ser resuelto, sin embargo, puede detener cualquier progreso hacia la paz: la carencia de apoyo popular al proceso. A menos que el Gobierno pueda involucrar la gente a favor de los acuerdos con las farc, o encontrar una manera de ratificarlos sin que el público tenga que aceptarlos, un final definitivo al conflicto de décadas, simplemente puede estar fuera de alcance”.

No importa que los mercadotecnistas del Gobierno de turno exhiban clamando por la paz al Papa, o al simpático secretario de la ONU, o a cualquier cantante o reina de belleza; no interesa que el afamado director hindú Zubin Mehta, con la Filarmónica de Bogotá nos interprete la Gran Sinfonía para, totalmente ajeno a nuestra realidad, dizque apaciguarnos.

Precisamente, esa obra de Schubert podría parangonar la situación actual del país: su autor, mientras la escribía y dejaba olvidada, moría de sífilis, blenorragia y tifo.

Y es que a las narcofarc, boconas irredentas, arrogantes y cínicas, tienen una esencia tan ruin que han arrastrado al Gobierno en su desprestigio superior al 97 % de la opinión pública. Mientras tanto, el Fouché de este gobierno, Enrique Santos, indiferente como corresponde a su casta de elite tradicional gobernante, se reúne en el club Campestre de Montería con el terrorista alias “Marcos Calarcá”, seguramente a tomar whisky entretanto concretan la repartición del país: la historia se repite primero como tragedia (Benidorm, 1956) y después como parodia (La Habana), dicen que dijo Marx. Aunque fracasados, los comunistas avanzan.

Lo que es innegable es que la inconformidad es creciente, se está transformando en ira y se puede estar acunando un nuevo ciclo de violencia. (Íbamos bien: ¿Qué pasó? ¿Quién es responsable? ¿Qué hay que hacer?)

Oriana Fallaci, la contestataria periodista de los setentas aseguró en un reportaje que de su vasta experiencia entrevistando gobernantes de toda pelambre, lo que ella rescataría como esencia de gesto liberador de la persona corriente frente a imposiciones o marrullas de gobiernos dictatoriales, ladrones, corruptos o tramposos, era la palabra griega oXi, que quiere decir NO!

Decir NO ahora, evitará posteriormente lamentar las desgracias que traerá un SI.

 

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Se ha divulgado, entre los acuerdos resultantes del proceso de paz, el relativo a la conformación de los tribunales que integren la denominada Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que tendrá por función la muy delicada de juzgar a quienes han cometido delitos por causa o con ocasión del conflicto armado.
 
Según  se ha informado, el Gobierno  colombiano  y las Farc  proponen  que algunas instituciones -el Papa Francisco, el Secretario de la ONU, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, la Delegación en Colombia del Centro Internacional de Justicia Transicional ICTJ y la Comisión Permanente del Sistema Universitario del Estado (rectores de las universidades públicas)- escogerán, cada una de ellas, a una persona para conformar el mecanismo de selección de los magistrados.
 
Al respecto, con la intención de contribuir a la definición de lo que mejor convenga al propósito de lograr la paz con la suficiente solidez institucional  y  una adecuada, equilibrada e imparcial  estructura judicial, formulamos algunas observaciones:
 
Creemos que el Santo Padre no debe participar en este proceso. Hacia él guardamos un gran respeto; profesamos por su palabra y sus enseñanzas  la mayor admiración intelectual y le debemos  acatamiento espiritual, pero creemos que no está bien involucrarlo en asuntos propios de la soberanía del Estado colombiano, menos todavía en la designación, directa o indirecta, de jueces llamados a resolver sobre asuntos puramente terrenales. “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, manifestó Jesús cuando se le preguntó si era lícito o ilícito pagar tributos a Roma. Son asuntos del resorte de cada Estado, y aunque el Papa sea Jefe del  Estado Vaticano, eso no lo habilita para participar en procesos que deben ser puramente internos.
 
La jurisdicción es estatal, y la elección de los jueces  para administrar justicia en Colombia es asunto de la privativa competencia y responsabilidad del Estado colombiano. 
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