Opinion (715)

En esta página y en LA VOZ DEL DERECHO somos profundamente respetuosos de la libertad de opinión, y aunque, como directivos de las mismas, no compartamos lo que escriben nuestros colaboradores permanentes u ocasionales, no aplicamos la censura y publicamos los escritos y las columnas tal como vienen.
 
La crítica respecto a quienes ejercen o hemos ejercido funciones públicas es frecuente entre aquellos cuyos escritos difundimos. De hecho, hemos publicado inclusive críticas al suscrito y Director y a nuestros medios. Eso hace parte de la libertad de expresión.
 
Pero también podemos expresar nuestros propios conceptos, en muchos casos no coincidentes con el criterio de columnistas y colaboradores. Es el caso del artículo escrito en nuestra sección “Opinión on line” por el abogado Juan Camilo Sanclemente sobre la exfiscal y actual Secretaria General de la Alcaldía de Bogotá, Martha Lucía Zamora, en donde se formula contra ella dura crítica.
 
El hecho de publicar el artículo no significa que lo compartamos, ni que nos hagamos solidarios con su contenido.
 
Quien esto escribe conoce a la Dra. Martha Lucía Zamora desde la Corte Constitucional, en donde, como Magistrada Auxiliar, desempeñó un brillante papel e hizo aportes decisivos para la consolidación de la jurisprudencia que sentó la Corporación en materia de control constitucional abstracto y en lo atinente a los derechos fundamentales y sus garantías.
 
Son muchos los escritos valiosos que conocemos de la Dra. Martha Lucía, como lo escribimos cuando fue designada Fiscal General de la Nación hace unos años.
 
Creemos en su buena fe y en su sólido criterio jurídico, y, en lo que nos consta, su actividad en los cargos que ha desempeñado, se ha distinguido por la ética y la rectitud. Desde luego, nada podemos decir de procesos específicos, como el referido por el abogado Sanclemente, porque no hemos tenido participación alguna en ellos.
 
Entonces, desde nuestra perspectiva, y en lo que corresponde a nuestra personal experiencia, respetando criterios diferentes, la Dra. Zamora es una abogada penalista muy brillante y respetable, que como todas las personas goza de la presunción de inocencia mientras no se le pruebe lo contrario. 
 
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PUNTO DE REFERENCIA - SOBRE UN ESCRITO - 25 MAYO 2015
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En materia constitucional, pero con mucha mayor razón en el caso de las reformas constitucionales, siendo esencial que los órganos competentes se concentren en la materia de lo que se discute, no se pueden dejar de lado las exigencias de trámite y requisitos que la propia Carta Política señala.
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Con evidente fastidio se refería Jorge Eliécer Gaitán a quienes ganaban los pleitos, no por tener la razón en el Derecho sino “por la intrepidez sinuosa en los procedimientos”. Un mal de vieja data -denunciado en la antigüedad por Sócrates y Cicerón-, que muchas veces ha conseguido desplazar a la justicia y a la verdad para hacer que en su lugar  triunfaran las maniobras habilidosas y la manipulación de la ley.
 
Desde luego, para que en los estrados prosperen las prácticas tramposas de abogados sin escrúpulos se requieren jueces de su mismo nivel ético o de muy escasa formación jurídica, que acepten el soborno y las trampas o caigan en ellas sin darse cuenta, por ignorancia. En otros casos los abogados corruptos aprovechan la pereza de togados ineficientes que prefieren firmar sin siquiera leer lo preparado por sus auxiliares. En ninguno de esos casos hay excusa admisible, y una sola falta comprobada debería conducir al responsable a la destitución y a la cárcel.  
 
No se debe generalizar, porque sería injusto y porque todavía quedan profesionales honestos, muchos de los cuales se van separando del litigio, precisamente por causa de la corrupción existente. Y quedan también jueces y magistrados capaces y honrados, entre ellos algunos que también han escogido el camino de la renuncia por idéntica razón, mientras colegas suyos que por dignidad deberían haber hecho lo propio, permanecen aferrados a sus cargos.
 
Hoy vemos que decisiones trascendentales se adoptan en altos tribunales con interés político o por el deseo de tender cortinas de humo mediáticas para hacer que se olviden las faltas de sus magistrados. Así, no es raro ver que, en ostensible contumacia, se niegue la nulidad de una sentencia errónea o  prevaricadora para que su cuestionado autor busque reivindicación ante los medios.
 
Resulta doloroso reconocer que estamos ante la peor crisis del Derecho y la Justicia en la historia reciente de Colombia. Y al respecto recordamos que, según  el Talmud, “es desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”. Y la dura sentencia bíblica, a cuyo tenor, si la sal se corrompe, “no sirve más para nada sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
 
“Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”, proclamaba el escritor español Francisco de Quevedo.
 
Ojalá, a pesar de sus deficiencias y de no haber tratado el tema integralmente, la reforma constitucional sobre equilibrio de poderes devuelva algo de respetabilidad a la justicia colombiana.
 
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PUNTO DE REFERENCIA - JUSTICIA CORRUPTA - 19 MAYO 2015
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Artículo publicado el 18 de mayo de 2015 en: www.razonpublica.com  
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