Opinion (777)

Lo que dijo el General Bedoya.

01 May 2014
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John Marulanda
ABOGADO. Consultor Internacional en Seguridad y Defensa.
 
 
Escuchando al General Bedoya, recordé algunos detalles. Historia menuda. El martes 22 de julio de 1997 él, Comandante General de las Fuerzas Militares, ordenó un vuelo para Urabá. Como Comandante del Destacamento Aéreo del Ejército, a primera hora del 23 lo despedí a bordo del Beechcraft EJC-116 desde El Dorado. A media mañana recibí una llamada del Jefe de Estado Mayor Conjunto General Norberto Andrada: "Mi Coronel" farfulló con su voz gangosa: "Infórmeme cuando mi General Bedoya salga de Urabá y escúcheme atentamente: cuando aterrice, por ningún motivo permita que salga de Catam hasta que yo no llegue. ¿Está claro?". "Cuántos helicópteros artillados tenemos?", "ninguno, mi General", respondí. "¿Los de la Fuerza Aérea?", "no hay en el momento, mi General". "Y ni aunque los tuvieran… ¿le quedó clara la orden?". "Sí, mi General".

El ELC-116 aterrizó después del mediodía y ya la orden de acuartelarnos en primer grado había llegado. Recibí al General Bedoya y le comuniqué la orden del General Andrada. Me miró, hizo un mohín de fastidio y puso sus manos en la cintura. Sus ojos azules se ensombrecieron. Me asió por el brazo y mientras nos dirigíamos a la sala VIP de Catam, me manifestó sus dudas sobre los helicópteros rusos, que yo pilotaba por esos días. Gracias a él, la Aviación del Ejército había renacido, a pesar de que otros generales del Ejército querían entregarles todos los helicópteros a la Fuerza Aérea. Arribó el general Andrada y ambos oficiales se encerraron por un rato. Partieron luego cada uno en su vehículo, con su escolta, rumbo al CAN.

Ya se sabía que el general Bonnet sería el nuevo jefe. El resto es historia conocida aunque con capítulos inéditos, como el del encuentro Bedoya-Bonnet. Que no fue amable.

Al poco tiempo de este episodio, vendrían los fracasos militares de El Billar, Patascoy, Miraflores, Mitú, Tamborales. Los carniceros de las Farc ganaron terreno y en Estados Unidos dijeron que los bandidos controlaban el 50 % del país. Hoy, 17 años después, mientras no cejan en su guerra prolongada por todos los medios, soportamos conciliábulos políticos con ellos en Cuba.

De este episodio, dos cosas quedan claras para la historia. Primera: El Presidente electo es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y ejerce el mando, sin duda, sobre ellas. Segunda: el sentimiento de Patria, de Lealtad y de Rectitud, o sea el Honor, estuvieron, están y estarán de parte del General Bedoya. Cualquiera que piense diferente, es otro torcido.

Desde mediados del siglo 17, Calderón de la Barca lo había dicho: "Ese ejército que ves / vago al yelo y al calor /la república mejor / y más política es / del mundo, en que nadie espere / que ser preferido pueda / por la nobleza que hereda / sino por la que él adquiere / porque aquí a la sangre excede / el lugar que uno se hace / y sin mirar cómo nace / se mira cómo procede ".


 

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Pensemos.

21 Abr 2014
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JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO
Ex Magistrado de la Corte Constitucional
Se han dicho y escrito muchas cosas -algunos piensan que todo- acerca del insoportable clima de violencia y crimen  que se respira en el país. Pensamos sin embargo que al respecto falta mucho por estudiar, tanto desde el punto de vista de la psicología colectiva como desde la perspectiva sociológica y especialmente dentro de un concepto jurídico que vaya más allá de la búsqueda de tipos penales adecuados a las múltiples formas delictivas que se suceden a diario y de la formulación de proyectos legales orientados al aumento de penas o a la instauración de nuevas figuras normativas, según las conveniencias resultantes de la exposición pública de casos que –como los provenientes del terrorismo, los ataques con ácido o la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol-  son motivo de titular o investigación periodística.
Necesariamente, tenemos que volver sobre el tema de la educación, porque buena parte de las conductas que ofenden a la sociedad y que generan justificada alarma en los medios de comunicación tienen su génesis en el mal ejemplo recibido desde la niñez en el hogar o en las deficiencias que hoy acusan los programas oficiales aplicados en los establecimientos de primaria y secundaria, tanto públicos como privados. Han desparecido o se encuentran en el nivel de la costura las asignaturas vitales para la formación de la personalidad de los educandos, como la religión –aunque a muchos les fastidie esa referencia-, la moral, la historia de la Patria, la cívica o las nociones básicas del comportamiento ciudadano y las responsabilidades que implica la convivencia en el interior de la sociedad. Hasta las matemáticas han dejado de ser prioridad, como lo demuestra el vergonzoso último lugar de Colombia en las pruebas Pisa, las cuales no demuestran valentía –como dice la Ministra- sino pésima preparación de los alumnos.

 

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Oportunidad y Oportunismo.

20 Abr 2014
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John Marulanda
ABOGADO. Consultor Internacional en Seguridad y Defensa.

 
Un profundo conocedor de nuestra siquis colectiva dijo: "Uncido el pueblo (latino) americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni más saber ni poder ni virtud". 

En Harvard, hace pocos días y ante escasa audiencia, me cuentan mis condiscípulos, Sergio Jaramillo trató penosamente de explicar lo que se cuece en La Habana. Me obligué a la molestia de leer su perorata. Si ese es el marco conceptual y teórico de lo que se guisa en la satrapía de los Castro, no puedo menos que descorazonarme. De ese ensimismado alegato, menciono dos aspectos vitales. Uno: con casi el 80 % de la población urbanizada y el 86 % de los municipios libres de la influencia terrorista, se está negociando una ambigua "territorialidad" de la paz con un grupo militarmente debilitado y cuyo interés manifiesto es el de crear feudos y cogobernar a punta de fusiles, como lo hacen actualmente en Putumayo, Arauca y Catatumbo, fronteras con países vecinos declarados socialistas. 

Juan Camilo Restrepo se olvidó de sus "Republiquetas" y salió a tratar de calmar la desazón que genera tal "territorialidad". Es tarde: los bárbaros ganan. Dos: el asunto se agrava cuando el de andar oblicuo y mirada esquiva, intenta igualar justicia con cooperación para justificar lo injustificable: la impunidad. En medio de sus elucubraciones seudo político-filosóficas este Jaramillo cree, ¡Ay…, que la paz en un Estado serio se fundamenta sobre la impunidad. Mientras el plenipotenciario no tiene ni remota idea de los principios básicos de la geopolítica, los de las farc, para quienes, según Lenin, la política es la continuación de la guerra, sí. Tales "actos de imaginación" como el negociador los llama, no son sino equivocaciones que nos llevarán a futuros traumas. Me temo que "El Juicio de Dios" (la violencia) seguirá pesando sobre nuestra sociedad, merecedora de la élite viciosa que nos ha mal administrado durante 200 años y que ahora duda si aplicarle la ley o no a un jefazo terrorista.

Pero lo más irritante de la parrafada de Jaramillo es su jactanciosa conminación final. "No va a haber otra oportunidad para la paz", amenaza para intimidar parvularios, remedo de Madame Pompadour: "Después de nosotros….el diluvio". 

Si un acuerdo no cuaja con la gerontocracia fariana, algo que veo improbable, pues un gobierno, tan sensato y realista como lo elijamos, terminará la tarea a medio hacer de doblegar por la fuerza legítima del Estado a los reductos narcoterroristas para someterlos al único imperio posible: el de la ley y la justicia. Y es ridículo querer asustarnos con esa oportunista frase de cuño reeleccionista. Seguimos, pues, sin saber ni poder ni virtud, como lo dijo Bolívar en 1812.


 

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John Marulanda
ABOGADO. Consultor Internacional en Seguridad y Defensa.


Los movimientos guerrilleros de América Latina se quedaron estancados en un pasado que las nuevas generaciones no conocen.
 
 “América Latina no ha tenido una guerra formal en décadas.”
 
La ONU acaba de citar a Colombia como el país con el mayor número de víctimas de minas personales en el mundo. Triste récord atribuible a las FARC.
Shaul Kimhi, psicólogo israelita con quien hemos recorrido medio mundo hablando de terrorismo, me pregunta con insistencia: “¿Por qué matan las FARC?”. Nadie lo sabe con certeza. Ellos lo justifican de manera unívoca, avinagrada y típica latinoamericana: contra el imperialismo norteamericano culpable de todos nuestros males, por supuesto; por defender al pueblo al que hay que masacrar para salvarlo, naturalmente y un etcétera que causaría bostezo si no fuera por el drama que implica.
 
Y es que las acciones de los reductos “alzados en armas” no parecen ceder del todo en la región. Hace diez días, el Ejército del Pueblo Paraguayo atacó una estación castrense en Paso Tuja, asesinó un suboficial y perdió dos de sus hombres en la reacción militar, mientras Sendero Luminoso, hace menos de un mes, hostigó un destacamento militar en Kiapashato.
A mediados de la segunda década de este siglo 21, estos grupos “revolucionarios”, como se autoclasifican, ¿representan un verdadero riesgo para los estados? Dejando de lado las consideraciones políticas, miremos las características tácticas y operacionales de estas células.
 
Las FARC, por ejemplo. Militarmente están desestructuradas y moralmente corrompidas por el narcotráfico. Tienen seriamente averiado su C3: Comando, Control y Comunicaciones. Su actividad armada es puramente defensiva y de retirada, evidente en el sembrado de minas que mutilan civiles y soldados indiscriminadamente y que, a la postre, los afectara más a ellos que a las fuerzas del Estado; en el uso de francotiradores en zonas aisladas, contra unidades desatentas; en el lanzamiento de morteros caseros de mortal imprecisión que casi siempre destruyen residencias de ciudadanos inermes, y en el saboteo de la infraestructura petrolera.
No pueden ir más allá. Los años de La Ofensiva, cuando se atrevieron a confrontar batallones de contraguerrillas, son cosa del pasado. Además, cada una de estas acciones armadas, que no militares, les carga un coste político mayúsculo.
 
Hay otro factor importante: las fuerzas militares colombianas, por su lado, han venido disminuyendo la ofensiva impulsada por el gobierno anterior y que les permitió descabezar a la organización que, después de medio siglo de guerrilla, se encuentra arrinconada en las fronteras con Ecuador y Venezuela, dedicada al narcotráfico y con su gerontocrática jefatura en La Habana, disfrutando los placeres de la nomenklatura cubana mientras repiten la cantinela de los 60’s sobre una supuesta liberación.
¿Pueden recuperarse militarmente? Muy difícil. Su armamento es aun rudimentario y su tercera generación de cabecillas es un grupo de jóvenes mini capos con poses de raperos, gafas de marca, cadenas de oro y amantes siliconadas. En el olvido quedó el ascético y barbudo guerrillero creador del hombre nuevo latinoamericano, encomendado a las bendiciones de San Che Guevara, quien hoy hace milagros en La Heras, Bolivia, bajo el padrinazgo de Evo.
 
Sendero Luminoso es otro doloroso ejemplo del cauce que tomaron en Latinoamérica los grupos armados promotores del marxismo-leninismo-maoísmo. Acorralados en el VRAEM (valles de los ríos Apurímac, Ene Mantaro), una patulea de unos 100 muchachos con cara de sorpresa unos y resignación otros, medran al lado de narcotraficantes que los proveen de las ganancias mínimas de la cadena de producción de cocaína.

Acosados por las fuerzas del estado, periódicamente balean helicópteros, sabotean el gasoducto de Camisea, acosan destacamentos policiales y retienen comunidades aisladas. Durante febrero lanzaron ataques contra bases militares en Kepashiato, Cusco, y en Mantaro y Ccano, Ayacucho, en una tardía reacción a la baja de sus dos últimos jefes “Alirio” y “Gabriel”, en noviembre pasado. Mientras el narcotráfico, su único sustento, evoluciona y crece en el país, su ideario maoísta se derrite a pesar de quintacolumnistas que en Lima buscan recuperar lo que perdieron irremediablemente: la atención de la gente.
 
Algo similar a Bogotá, en donde algunos simpatizantes de los farucos, insisten en lavar la cara del grupo desde la tribuna política o posando de estudiosos y científicos sociales. Sendero agoniza. Las FARC se disuelven.
El EPP, un reducido grupo marxista leninista, delinque en el Departamento de Concepción, frontera con Brasil, un área del Paraguay muy activa en narcotráfico. Entrenados por las FARC desde hace más de una década –recuérdese el caso de Cecilia Cubas- son débiles en su accionar armado y no trascienden los secuestros ocasionales, esporádicos ataques a unidades policiales descuidadas y asesinato de vigilantes indefensos.
 
Por supuesto, esgrimen argumentos ideológicos inentendibles para los jóvenes paraguayos, además de corear un himno que nada tiene que envidiarle a un narcocorrido grupero mexicano. Dado lo ralo del grupo, la reciente baja de dos de sus dirigentes, Bernal y Silva, es un golpe serio que los pondrá en retirada por un buen tiempo, mientras las fuerzas militares y policiales del estado avanzan en el control territorial y en la lucha contra el narcotráfico. El epp puede desaparecer por sustracción de materia.
FARC, Sendero y EEP, pues, no tienen un futuro muy claro en Suramérica. Y si todavía sueñan con multitudes recibiéndolos enloquecidas en las calles, como libertadores, el caso no es de insurrección sino de psiquiatría.
 
En Nicaragua, un encuentro armado en Jinotega en marzo pasado y que se saldó con la baja de dos individuos señalados como narcotraficantes por el gobiernos orteguista, reactivó fuertes rumores de un movimiento armado en el norte del país, hipótesis no descartada por el obispo Petray después de que en Ayapal, cerca de la frontera con Honduras, diez hombres fueron muertos por fuerzas del estado el pasado diciembre. ¿Guerrilla en Nicaragua? No descartable pero aún está por verse.
La situación actual de intranquilidad social en Venezuela ha llevado a algunos a preguntarse si es posible que surja un movimiento armado en contra de un gobierno ineficiente. El general en jefe Padrino declaró en Puerto Ordaz, el pasado marzo, que el país enfrentaba una “insurgencia armada” y una balacera en el Táchira en donde fue dado de baja un colombiano. Fue titulado como un combate contra fuerzas paramilitares, clasificación más política que real pues quienes delinquen en esa frontera son bandas criminales dedicadas al narcotráfico, el secuestro y la extorsión. FARC entre las tales. Un conflicto civil es más probable que una guerrilla como alguna de las tres antes mencionadas.
 
América Latina no ha tenido una guerra formal en décadas. Sin embargo, es en la actualidad la región más peligrosa del mundo: la rata de homicidios, las estadísticas de secuestro y extorsión, el narcotráfico, la corrupción y la impunidad han llevado a que las empresas en la región inviertan en promedio hasta un 3% de sus gastos operacionales en seguridad. Seis de las 10 ciudades más violentas del mundo son latinoamericanas.
En este entorno, las sociedades latinoamericanas en general hoy le endilgan un cariz delincuencial, criminal, a cualquier movimiento “alzado en armas” que surja. Y no están equivocadas. FARC, Sendero y EPP lo confirman con sus estrechos vínculos narcotraficantes. Los argumentos ideológicos ya no calan fácilmente en las mentes de los jóvenes urbanos e interconectados de hoy. Para ellos, la lucha armada y la guerra prolongada no sirven para solventar su pobreza o desempleo: el crimen organizado ofrece resultados inmediatos y evidentes sin tener que sufrir el confinamiento del monte o de la selva.
 
Además, la política es el menor de los intereses de los muchachos de la región: están tan desprestigiados los gobernantes y los políticos. Mejor un empleo en una empresa privada que un puesto en el Estado y, si no hay oportunidad, pues mejor ser “Halcón” que guerrillero. Y si se arriesgan a la balacera es por billete.
“Rápido y Furioso” jala más que “Socialismo y sacrificio”. “¿Quién es Marx?”, preguntó un menor de edad de las FARC mientras entregaba su AK-47, al momento de rendirse al Ejército.

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