Barranquilla es y seguirá siendo la casa de la Selección Colombia. Su gente, su ambiente, su alegría y su tradición futbolera la han convertido en el escenario natural de las grandes gestas de nuestro equipo nacional. Ese es un hecho que no admite discusión. Así como la camiseta es de todos los colombianos, la Selección también es patrimonio de toda la nación.
Resulta preocupante que, en medio de una campaña presidencial decisiva para el futuro del país, algunos sectores políticos parezcan más interesados en generar controversias alrededor del uso de una camiseta que en presentar propuestas concretas para resolver los problemas de los colombianos. La inseguridad, la corrupción, la crisis económica, las dificultades del sistema de salud y la falta de oportunidades para millones de ciudadanos deberían ocupar el centro del debate.
La falta de argumentos suele llevar a quienes carecen de ellos, a concentrarse en asuntos secundarios. Cuando una campaña política pierde la capacidad de convencer con ideas, termina buscando conflictos artificiales para mantenerse en la conversación pública. La discusión sobre quién puede o no puede usar la camiseta de la Selección Colombia parece más una estrategia de distracción que una verdadera preocupación nacional.
Los colombianos merecen escuchar planes de gobierno, soluciones viables y equipos de trabajo capaces de enfrentar los enormes desafíos que tiene el país. La Presidencia de la República no puede convertirse en un concurso de excusas ni en una permanente búsqueda de enemigos imaginarios.
Los colombianos estamos llamados a decidir el futuro de la nación con responsabilidad, serenidad y criterio. El país necesita unidad, respeto institucional y un compromiso real con la recuperación de la seguridad, la economía y la confianza ciudadana.
Más allá de los colores políticos o de las diferencias ideológicas, debemos recordar que Colombia está por encima de cualquier campaña. Unámonos en oración por el país y participemos masivamente en las urnas. Que sea el voto libre y consciente el que derrote la corrupción, la improvisación y las malas prácticas que tanto daño le han hecho a nuestra democracia.
La camiseta es de todos; el futuro de Colombia también lo es.