El Gobierno y la sociedad han convivido con el robispicio hasta el punto de aceptarlo como una práctica de uso común.
Lo grave no es solamente que existan corruptos… lo grave es que la corrupción haya logrado instalarse en la sociedad como algo cotidiano, tolerable y, en algunos casos, hasta admirable.
Los recursos del Estado, el dinero que se necesita para atender a los más necesitados, para construir hospitales, escuelas, vías y garantizar servicios públicos, terminan desviados a favor de funcionarios, políticos y contratistas que son aceptados socialmente como grandes señores y personajes distinguidos. Son recibidos, reconocidos y buscados sin reparo social; todos quieren ser sus amigos, pertenecer a sus grupos y formar parte de sus círculos de poder.
Así se construye una sociedad peligrosa: una en la que el corrupto deja de ser señalado y comienza a ser admirado; en la que tener dinero, sin importar de dónde provenga, parece suficiente para obtener respeto y reconocimiento.
La corrupción y el narcotráfico deben ser erradicados para que la patria milagro sea una realidad.
La creación de un Bloque de Búsqueda Anticorrupción es necesaria para revisar cada contrato de las gobernaciones, las alcaldías, las obras públicas y los ministerios. Hay corrupción en toda la administración y la contratación pública, incluidas las OPS, debe ser revisada de manera rigurosa para desenquistar a los corruptos del Gobierno.
No se trata de perseguir adversarios políticos. Se trata de perseguir corruptos.
¡No más funcionarios de control de bolsillo!
No más contralores, fiscales ni procuradores con patrones políticos. Los organismos de control deben recuperar su independencia y ejercer sus funciones a cabalidad, sin defender a nadie, ni a grupos políticos, ni a politiqueros.
La corrupción no puede convertirse en una costumbre nacional ni en una forma de ascenso social. Tampoco puede seguir siendo premiada con contratos, cargos, poder y reconocimiento.
La patria milagro necesita instituciones fuertes, funcionarios honestos y ciudadanos que dejen de aplaudir y admirar a quienes saquean los recursos públicos.
La patria milagrosa no puede tener espacio para los corruptos ni para los violentos... ¡y definitivamente, el robispicio debe terminar!
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