Todos los colombianos, tras dieciséis años sin estar representados en un campeonato mundial de fútbol, recibimos con alegría infinita el triunfo de Colombia ante Grecia en su primer partido. Vino, sin embargo, la celebración el sábado en la tarde. Y aunque se avecinaba la ley seca por las elecciones del domingo, hubo mucho licor en las calles, riñas, heridos y muertos. La alegría del triunfo colombiano se convirtió en luto para varias familias.
Es una verdadera lástima y muy lamentable que muchos de nuestros compatriotas no sepan celebrar. Que confundan la alegría y el patriotismo en lo deportivo con la agresividad y la violencia.
Una celebración es la manifestación externa del sentimiento de satisfacción y complacencia, que se quiere compartir con los demás. Y ello no solamente es legítimo sino perfectamente natural. Y los colombianos solemos ser efusivos y comunicativos.
Pero la alegría colectiva generada por un triunfo deportivo tan importante como el de la Selección Colombia –que todos esperamos se repita este jueves- no puede trocarse en ataque a los demás, en dolor y en muerte.
La victoria se debe celebrar de manera civilizada y sana. Como corresponde a una sociedad respetuosa de la dignidad humana y de los derechos de todos.
Que gane Colombia este jueves. Y que celebremos de manera prudente y razonable. Evitemos todo desbordamiento ofensivo y toda expresión violenta, que en eso no consiste la alegría.