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La crisis institucional, política y jurídica que vive Colombia es muy grave, no solamente por cuanto el propio Congreso, por iniciativa del Gobierno, ha sustituido la Constitución de 1991 -sin que la Corte Constitucional haya hecho nada en defensa de dicho Estatuto- sino porque se ha perdido por completo la independencia entre las ramas y órganos del poder público; el Congreso es un apéndice del Ejecutivo, y el sistema de frenos y contrapesos no funciona. Pero, además, la corrupción se ha adueñado del país, de las instituciones y de los partidos, como lo demuestra el cada día más grande  escándalo generado por los sobornos y las "coimas" de la firma brasileña ODEBRECHT  a servidores públicos y a las campañas presidenciales de 2010 y 2014, y lo vemos también en el caso REFICAR, entre otros.

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Los generales y almirantes retirados se quedaron cortos cuando advirtieron de nuevas “Repúblicas Independientes” o “Republiquetas” como las caracterizó JC Restrepo, actual jefe negociador con el eln.

Estratégicamente, las farc están implantando regiones autonómicas en zonas fronterizas con Venezuela, Ecuador y Panamá, rutas preferenciales del narcotráfico, bajo el control de sus guardias indígena, campesina y cimarrona, las mismas que expulsan a nuestros soldados de sus bases, retienen policías y esgrimen garrotes en donde se lee “Vuelve Bolívar”. Además, nunca sabremos nada de sus armas, ni de sus misiles. Y el asunto del reclutamiento de niños quedó en pantomima.

Tales áreas, están rodeadas o cercanas a explotaciones de minería ilegal y cultivos de coca, garantizando así un buen músculo económico al proyecto político. Tienen, pues, territorio sin presencia coercitiva del Estado, economía ilegal -que también le sirve al Gobierno-, control de la seguridad y en consecuencia Cogobierno, que ya empezaron a ejercer. Son esas ZVTN, como lo describe el analista Steven Metz, el nuevo escenario de la insurgencia criminal que identifica al narcomarxismo-leninismo latinoamericano actual.

Los bebés que están allí naciendo y sus madres, son previsibles escudos humanos contra cualquier “agresión” del Gobierno y el próximo paso, después de negar al Estado el ejercicio de su soberanía, como en el insultante caso denunciado por el gobernador de Antioquia, será empezar a proyectar una fuerza político-militar hacia las ciudades, tarea anunciada desde su octava conferencia. Cali, Medellín, Bucaramanga y Villavicencio serán los objetivos, utilizando los recursos y la propaganda que Santos les regaló, la vigilancia de sus redes milicianas y la intimidación de sus sicarios convertidos en escoltas ahora con las armas del Estado, ante la mirada lela de los militares y la “colaboración” de la policía.

Las milicias han sido clave para la toma y mantenimiento del poder desde la Guardia Roja en la Revolución de Octubre hasta los colectivos chavistas, Tonton Macoutes del socialismo del siglo 21. En el entretanto, la inseguridad pública campea por doquier, la corrupción nos avasalla, la desesperanza nos abruma y los politiqueros ladrones de siempre aceitan sus campañas electoreras, otra vez. ¿Hasta cuándo?

Hasta cuando decidamos elegir para los cuerpos colegiados miembros de la Reserva Activa de las Fuerzas Militares que refuercen la posición de los pocos parlamentarios que denuncian la viciosa ruptura de la Constitución, el derrumbe de la Democracia y el arribo del narcoestalinismo a Colombia.

La integridad territorial del país empezó a deshacerse y va a costar sangre recuperarla, si no actuamos patrióticamente ahora. Es imperioso salir a protestar masivamente contra un santismo entreguista y corrupto, contra los capos narcoterroristas farianos, sus amiguetes militares cubanos y bolivianos y contra DelacalleJaramillo&Cia, quienes prometiendo el cielo, nos conducen rápida, congresionalmente, al infierno

 

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