Certidumbres e inquietudes: DELITO, COMPLICIDAD, IMPUNIDAD. José Gregorio Hernández Galindo Destacado

Como dice la Constitución, las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. Igualmente, a ellas corresponde -en las distintas ramas y órganos del poder público y dentro de sus competencias- velar por el interés general, garantizar el cumplimiento y la efectividad de las normas constitucionales y legales, preservar el patrimonio público, prevenir, controlar, investigar y sancionar el delito, administrando real y oportuna justicia. Los funcionarios no están en sus cargos para enriquecerse a cambio de cooperación con el delito, ni para cohonestar, ayudar y amparar a poderosos delincuentes.

Según señala el artículo 218 de la Constitución, la Policía es un cuerpo armado permanente de naturaleza civil, a cargo de la Nación, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz.

El artículo 150 de la Constitución, modificado por el Acto Legislativo 3 de 2002, estipula con meridiana claridad que la Fiscalía General de la Nación está obligada a adelantar el ejercicio de la acción penal y a realizar la investigación de los hechos que revistan las características de un delito que lleguen a su conocimiento por medio de denuncia, petición especial, querella o de oficio, siempre y cuando medien suficientes motivos y circunstancias fácticas que indiquen la posible existencia del mismo. No podrá, en consecuencia, suspender, interrumpir, ni renunciar a la persecución penal.

Infortunadamente, además de la violencia, uno de los peores males que afectan a Colombia es la corrupción, que durante años ha venido siendo palmaria en muchas entidades públicas y privadas, sin que haya podido ser derrotada. En conexión y contando con la complicidad de políticos, altos funcionarios y servidores estatales deshonestos, los delincuentes siguen actuando, dentro y fuera del territorio colombiano. También por caminos corruptos, han logrado la impunidad.

Hasta ahora viene a divulgarse algo completamente increíble; totalmente inaceptable para una sociedad en que debieran prevalecer la legalidad y la justicia: que una banda de malhechores y contrabandistas, bajo el mando de un llamado “zar del contrabando”, ha actuado a sus anchas durante muchos años, a ciencia y paciencia de varios gobiernos y con la complicidad de funcionarios policiales, autoridades aduaneras y de policía fiscal.

Es inconcebible lo que se está divulgando: que el aludido líder de la red delictiva y corrupta haya estado en contacto con importantes autoridades policiales; que haya distribuido dinero entre ellas; que haya hecho aportes a campañas políticas y que todo haya permanecido oculto ante al país, ante gobiernos, investigadores y jueces. Es muy grave que se haya iniciado un tardío proceso penal en contra de dicho personaje, se haya suspendido la investigación, haya escapado y salido del territorio, y solamente en estos días se haya solicitado su extradición.

Todo eso preocupa enormemente a los colombianos. Se espera, entonces, que se tramite la extradición y que, ahora sí, haya procesos penales, se sancione a quienes hayan delinquido y a quienes hayan sido cómplices. No más corrupción.

 
Jose Gregorio Hernandez Galindo

Expresidente de la Corte Constitucional de Colombia y director de la publicación “Elementos de Juicio. Revista de Temas Constitucionales” y la emisora "lavozdelderecho.com".

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Acerca de Nosotros

Nuestro propósito es aprovechar la tecnología en beneficio de la divulgación, el análisis, la controversia, la verificación de los grandes asuntos en que aparece el Derecho, en cualquiera de sus ramas; los procesos judiciales de trascendencia y los más importantes debates y acontecimientos.